La historia de mi pasado

Mi pasado me lo recuerdo como si fuera ayer, por que fue él, el que me formo lo que soy ahora.
Mi pasado es el culpable, mi testigo y mi cómplice.
Siete años antes.
Rodeada de la ciudad y de personas que día con día trataban de realizar su mejor obra de actuación posible, una obra de acto donde yo era un personaje más.
En mi casa seguían como siempre los problemas, las discusiones entre mis padres y mi hermana, mi pequeña hermanita, a la que yo protegía todos los días cantándole estaba en un internado, en Suiza, tan lejos de casa, tan lejos de mí.
Eliza, asi se llama mi hermana, mi única hermana.
Por lo menos su cuarto sigue intacto, como lo dejó ella cuando la obligaron a irse, cuando tan solo tenía 11 años, ya pasaron 3 años sin verla y 1 año sin oírla.
Mis padres la arrebataron de mi lado, como un castigo para ella y para mi, pero después decidieron que no era suficiente separarnos con la distancia, también nos separaron definitivamente, nos prohibieron hablarnos hace un año, únicamente podíamos comunicarnos por cartas, cartas antiguas, con viejos papeles, papeles que siguen guardados en el cajón de mi escritorio, el cajón para las cartas de Eliza.
Al frente de mi ventana esta mi amigo, mi alma gemela, el único en este planeta capaz de entenderme, quererme, protegerme, cuidarme y amarme, él es Sebastían, el que siempre está en la ventana de al frente.
A tres cuadras de aquí también esta Isska, mi mejor amiga y mi prima. De seguro somos amigas por que nos une un lazo familiar, una lazo que nos ha unido desde que nacimos en la que nuestras madres se emocionaban en vestirnos casi igualitas, con los lasitos y los zapatos con unos mini tacones, adornándonos y llamándonos princesas, yo lo odiaba, ella lo amaba.
Ayer, un 18 de mayo cumplí mis 16 años, solo faltan 2 años para irme de casa y huir con Sebastían en busca de nuestros sueños. Mi regalo fue un video de toda mi familia deseándome feliz cumpleaños y un collar de perlas. Nada de lo que en verdad me interesa, yo quería un carro, una cabaña lejos de casa o simplemente que Eliza regresará.
Me aburre mi vida, sencillamente me aburre, es tan cotidiana, tan ordinaria, tan aburrida. Lo único que me libera de ella son mis planes, mis delirios, Sebastían.
2 años después
Un día después de mi cumpleaños, un día después en la que recibí como regalo un carro para solo pisar el acelerador y salir corriendo de este lugar. Pero no lo hice, no lo hice por esperar a Sebastían, aguardaba el momento en el me diga que está listo, para irnos.
Nunca estuvo listo.
19 días después de mi cumpleaños yo lo seguía esperando, ansiosa, siguiendo haciendo más planes, planes juntos.
Me entregaba a él en cuerpo y alma sin arrepentirme de mis actos, porque lo amaba. Mis besos eran reales, lo eran.
En cambio él cuando vio la realidad, cuando observo que estaban a punto de realizarse nuestros planes su cobardía salió a la luz, esa cobardía que siempre allí pero la ocultaba con las mentiras y con sus sueños, sueños que querían que se hagan realidad pero él no quería hacer nada.
Mimado y consentido.
Era dueño de mi ternura, de mi encanto, de mis ganas de hacerlo feliz, de mis ganas de nunca dejarlo ir, de mi felicidad, de mi.
Un inmaduro que vivió al frente mío por 18 años, solo después de ese tiempo me estoy dando cuenta de lo que en verdad se escondía en la ventana de al frente, solo eran palabras lo que decía, solo eran mentiras para ocultar su verdad.
Yo no iba a ocultar más mi verdad en unas mentiras que había fabricado para no alejarme de lo que en verdad amaba.
De Eliza, Sebastían y Isska.
Con Eliza seguían las cotidianas cartas, eran dos por mes.
La verdad un día saldrá a la luz y no habrá forma de ocultarla ni negarla.
37 de mayo.
Puedo hacer lo que quiera.
Todo sucedió tan rápido, simples acontecimientos que hicieron que fuera lo que soy ahora.
Agarre una maleta, puse ropa de mi armario allí, la más sencilla y ocasional, zapatos, mis accesorios, mis cosas personales, recuerdos, unos peluches de mi infancia, las cartas de Eliza, una navaja, veneno para ratas, cigarrillos, una botella de alcohol, inciencio, fósforos y más mi estuche de trabajo, así lo suelo llamar. Agarre otro bolso de mano, donde termine de poner las cosas importantes que permanecían en mi habitación, que tendría que llevármelas con migo. Tenía poca plata y no sería suficiente entonces fui al cuarto de mis padres, abrí la caja fuerte y agarre toda la plata que había, ya era una ladrona. Deje una carta, diciéndoles que no se preocupara por mí a mis padres, que estaría bien y quizás un día nos volveremos a ver. Nunca más los volví a ver.
No podía faltar despedirme de mi querido y amado vecino, me trepe hasta su ventana y el muy flojo estaba durmiendo, fue sencillo, agarre una cuerda le amarre los pies y las manos, busque en su habitación sus cosas preciadas, como su primera pelota de futbol, su inscripción para la universidad, los regalos que le di, sus peluches de la infancia, las fotografías de su familia, más que todo de su mamá , el dinero que estaba ahorrando para la universidad y el carro, también le agarre la pistola que guardaba, se la dio su padre en caso de emergencia y todo lo que me parecía importante se lo agarraba, pero fui ahí cuando encontré unas cartas, eran de Eliza para él y eran muchas, demasiadas en verdad. No tenía tiempo de leerlas así que las agarre y las guarde. Por último agarre el alcohol y los fósforos, me dirige al jardín donde estaba su amada casa del árbol, tenía tantos recuerdos de ella, recuerdos que harán polvo como lo que fue entre nosotros, queme la casa del árbol.
Y después de eso todo fue tan rápido, agarre el carro, no mire hacia atrás, acelere y me fui, corriendo de mi vida, de mis recuerdos, de todo lo que viví. Los sucesos se dieron velozmente, cuando me estaba quedando a dormir en un pequeño hotel tuve una relación con el hombre que dormía en la habitación de mi par, desde la primera vez que lo vi me llamo la atención, sabía que había encontrado al hombre ideal, era perfecto, se veía con una seguridad impresionante, vestía de negro, mi relación duro con él 2 meses, desde ese día no me separe de él y no hacía nada más que seguirlo a donde valla. Hasta que vi en que se dedicaba y que más tarde yo me dedicaría a lo mismo. Teníamos los mismos intereses, los mismos planes, las mismas ambiciones, las mismas trampas. Nos separamos porque lo mandaron a hacer su trabajo en otro país y yo era una principiante a prueba y en proceso de entrenamiento. Mi entrenamiento duró 2 años más, en la que hacía pequeñas misiones que cada vez se complicaban más, sobresalía en todo.
Un año después ya estaba en el grupo más avanzado, estando con los expertos y teniendo una relación con el líder.
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