En el borde de la desesperación
Cuando perdiste algo que lo dabas como tuyo, ayudaste a una persona a que lo tuviera y al final de la historia uno es el que sale perdiendo, con las ilusiones rotas en el suelo y con las ganas de poder haberlo obtenido. El ¿porqué a mi? ¿Por qué no pude? ¿Por qué siempre yo? se vuelven pensamientos que dan vueltas en la memoria.
Que impotencia.
Perdedora.
Y cuando todo regrese a la normalidad las palabras, las anécdotas, las historias se volverán tan comunes que sonaran como pesadillas en mi cabeza, y que puedo hacer? decirles que se callen porque no quiero escuchar lo bien que lo pasaron mientras que yo pensaba también lo bien que lo pude haber pasado.
Soportar.
Seguramente la tormenta la hago más grande yo, haciéndola inmensa y la única afectada seré yo, mi propia enemiga, la que me atormenta todos los días, ni un sueño tranquilo, pensar siempre en lo mismo.
Llego la hora se superarlo, ¿no lo crees? es suficiente el martirio que te estás haciendo. Lo sé, pero soy muy masoquista con migo misma y no veo la hora que las cosas cambien.
Lo cotidiano es tan aburrido.
Ya es mucho tiempo con lo mismo..
Y el transporte de los momentos felices llega y se va sin aviso.
Y soportar, aguantar, dos años más quizás.
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