El juego de las emociones
Las emociones sobresaltan, llegan a tal punto que no puedas controlarlas.
Te quieres hacer la fuerte, tratar de superarlo empiezas a hablar sola con tigo misma, como si fueras la mejor consejera que siempre te dirá lo correcto y lo mejor.
Te tratas de convencer que es una estúpides el motivo del que estas sufriendo tanto, tratas de convencerte que lo tienes que olvidar para tener un buen día.
Porque si tú no quieres tener un buen día, no lo tendrás.
Si dejas que cualquier cosa, la más pequeña te arruine el día, está mal.
Es difícil, muy difícil convencerte.
Pero lo más difícil es convencer a tus sentimientos que paren de una vez de hacerte sufrir tanto.
Y llega el momento que tratas de alegrarte recordando algo, soñando algo, pero cuando vuelves a la realidad te das cuenta que nada de eso volverá ni nada de eso se hará realidad, no en ese momento.
Y tu lucha interna sigue mostrando de lo que es capaz, aunque te vences a ti misma.
Dices que ya no más de ocultar lo que sientes, ya no más de tratar de ser otra persona. Aceptas tu tristeza, tu angustia, depresión, lo que sea que tengas y empieza otra lucha. Pero cuando estas nuevamente rodeada de la sociedad, vuelve tu imagen quizás sería, quizás feliz, pero no eres tú, lo sabes, pero también no quieres dar explicaciones.
Son esos momentos, en los que cada pequeña cosa de afecta, lo más absurdo, te duele un insulto, de duele un acto de egoísmo, te duele que te hablen de mal forma, te duele todo, porque simplemente estas sensible y hay que dejar que el tiempo pase, que vuelvas a sentirte fuerte, a que vuelvas a superar lo que pasaste, el tiempo pasa y así va volviendo esa felicidad, esas ganas de vivir.
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Pensamientos expontanéos.
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