El inconsciente de la puerta rechinando.

Sigue en pie, luchando por mi victoria.
Sigo sentado, esperando un milagro.
Permanezco en silencio, no será que luego el ruido me invada y no pueda escuchar las campanas.
Aparezco hasta en mis propias pesadillas.
Cantando con la almohada, linda herramienta podría ser para comer un delirio...
Silban las aves, también silban las personas.
Todos se esconden detrás de la puerta viaje de madera, mientras que a mí solo me queda respirar en este cuarto cuadrado.
Tiene pinturas, lo noto.
Tiene tachones, también lo noto.
Hasta puedo ver palabras, todavía se leer.
Algún día esa puerta se abrirá...
Estoy seguro que algún día, puede ser el día que se lleven mi cuerpo sin vida.
Tentación.
Ahí sigue la almohada, inmóvil.
Aquí sigo, sin nada más que hacer.
Sometido.
Puedo hablar, para tener una voz en mi cabeza.
Puedo sonreír para no olvidarme como poder mostrar mis dientes.
Vamos puerta ábrete, ya mucho me has tenido aquí, dame un poco de espacio.
Debería crear yo mismo un mural muy artístico en la pared, sería fantástico.
Así dejaría mi huella.
Yo también pase por aquí...
No creo que este preso, no eso no, tengo todos mis dedos.
¿Cómo será mi apariencia? Un espejo, por favor por lo menos denme un espejo.
Vamos Eduardo, tranquilízate que todo va a estar bien, todo va a salir bien, ya se va a abrir esa puerta, va a rechinar dando el sonido de la victoria.
Cuenta hasta cinco y se abrirá, vamos.
1, 2, 3, 4, 5.
Suplicó a quien sea, pero por favor puede ver algún cambio en este cuarto.
Cielos, tanta espera me está desesperando.
Calma, necesito calma.
Una voz femenina me susurra al oído me dice que todo irá bien, lo sé mi amor, ya regresaré por ti.
Quien soy yo.
Creo que hasta ya se me olvido mi rostro, ¿seré guapo? de seguro. Soy atractivo, claro que sí.
Recuerdos.
170 horas.
Cuando es que era la boda de mi hermana?
¿Ya debió de ser?
Vamos, ábrete puerta.
Sigue siendo muy atractiva la almohada...
Se desliza por la puerta un plato con un pan y un poco de arroz, es la hora de comer.
Mi única comida del día.
Extraño el helado, los chocolates, extraño todo, nunca pensé que podía extrañar tanto mi antigua vida, era bonita, lo era, solo que no lo podía ver.
Pero ahora con el tiempo espantoso de saber que hago aquí, me he dado cuenta de lo valiosa que es la vida.
Y ahora sí que en estos momentos me quiero dirigir hacia la cama, solo que tendría dar unos pocos pasos, agarrar la almohada sin funda y tratar de asfixiarme, me parece el único remedio.
Estaba en clases, lo recuerdo. Era recreo, salí a comer un ensalada de frutas que me habían mandado, estaba deliciosa, me la había dado Tatiana, fue raro ese gesto de ella, pero estaba deliciosa y después lo único que me recuerdo es que estaba en un auto y después que llegue aquí. Pero que tiene que ver Tatiana... ella, no es mala, solo no me hablo con ella.
Laila, noche de mis ojos, la luz que me hace querer salir de aquí, mi sol, el contrarío de tu nombre. Amor mío, donde estarás. Me habrás olvidado?
De una vez por todo, ábrete puerta.
340 horas.
Algo rechina, de seguro debe ser un sueño más.
Abro los ojos.
Sigue rechinando, veo un pasillo, oscuro, pero un pasillo, la puerta está abierta.
Salgo corriendo, la puerta está abierta, está abierta.
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